Miss, ahí donde estuve me dijeron que mi mamá ni se acordaba de mí, que se fue de regreso y me dejó aquí”.

Se me partió el corazón cuando escuché estas palabras de una niña de 9 años quien había sido separada forzosamente de su madre en la frontera, por autoridades de los EE.UU. Conocí a Heidi en Phoenix el verano pasado cuando yo, junto con dos colegas más, Mayra López y Gracie Uriarte, viajamos a esa ciudad para ayudar a reunir a las familias.

A finales de julio de 2018, mis colegas y yo viajamos a Arizona para ayudar a las organizaciones Lutheran Social Services of the Southwest (LSSS) y FWD.us, después que un juez federal ordenara que el gobierno reuniera a los más de 2.500 niños con sus familias.

Después que ICE reunificara a los padres con sus hijos, dejaron a las familias en las oficinas de LSSS en Phoenix. Poco después, los llevábamos a un hotel, donde podían descansar. En lo que les daba yo la bienvenida a las familias, les explicaba que ya no estaban dentro de ninguna instalación gubernamental, para calmar sus temores.

Pasamos entre 24 y 48 horas con las familias antes que partieran para su destino final. Mientras estaban con nosotros, nos aseguramos de que estuvieran bien atendidos y cómodos. Hicimos lo mejor para asegurarnos que la sala de conferencias del hotel fuera un lugar acogedor y divertido. Creamos un área donde podían servirse refrigerio y escoger artículos de aseo y ropa. Los niños le decían “la tiendita”.

Para diversión, ofrecimos libros para colorear, juegos de mesa, libros de cuentos, animales de peluche, rompecabezas y plastilina. Pasamos noches viendo películas infantiles con un proyector que nos prestó la ACLU de Arizona.

Conocí a Heidi durante una de esas noches de películas. Se ofreció a ayudar a hacer las palomitas de maíz para los otros chicos. Y me dijo lo que le habían dicho los agentes de inmigración. “Miss, ahí donde estuve me dijeron que mi mamá ni se acordaba de mí, que se fue de regreso y me dejó aquí”.

Todo lo que pude responder fue, “Pues, tú sabes que no es cierto. Tu mamá te quiere más que a nada en el mundo”. Simplemente sonrió y dijo, “Sí”.

No fue la única historia que me rompió el corazón durante el tiempo que pasé allí.

Al caminar por el atrio del hotel, vi a un padre desesperado por tranquilizar a su hijo de 6 años, quien lloraba desconsoladamente. Le pregunté al señor si había algo que yo pudiera hacer. Me dijo, “No, él está bien. Llora porque su mamá fue al baño y tiene miedo de que no regrese”.

Otro padre me dijo que no entendía por qué alguien separaría a niñitos pequeños de sus familias. “Nosotros nada más queremos sobrevivir, trabajar. No venimos a hacerle daño a nadie. No entiendo por qué nos tratan como si ni fuéramos gente”, me comentó.

La semana fue de altibajos emocionales para todos nosotros. Estábamos nerviosos, angustiados, preocupados, tristes, alegres, enojados, indignados, calmados, irritados, exhaustos y llenos de esperanza – todo, al parecer, al mismo tiempo. Aunque fue una semana agotadora física y emocionalmente, conocí a unas personas maravillosas no sólo de otras organizaciones, sino también de entre los voluntarios y el personal del hotel.

Los voluntarios nos ayudaron mucho. Jugaban con los niños, hablaban con los papás, y mantuvieron siempre una actitud positiva. El personal del hotel se portó de maravilla. Se aseguraron de que las familias tuvieran agua y café en la sala de conferencias. También donaron desayunos enormes y nutritivos para las familias. Se aseguraron de cuidarnos bien a nosotros, también. Fue lindo ver a la gente unirse para ayudar a personas completamente desconocidas.

Estoy agradecida y he sido afortunada de poder apoyar a estas familias. Lo que he aprendido es que ésta es la hora de hacerse presentes: de participar, de aprender, de hacer voluntariado, de donar, de educar a los amigos y familiares, de protestar, de hacer llamadas telefónicas y de votar.

Alguna vez me dijo mi directora, “Tenemos la responsabilidad moral de ayudar a estas familias”. Ahora les digo a ustedes: Todos tenemos la responsabilidad moral y cívica de poner fin a las crueles políticas en contra de inmigrantes, porque las familias deben permanecer unidas.

 

 

 

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